jueves 9 de julio de 2009

GABRIEL´S OBOE. "LA MISIÓN". ENNIO MORRICONE

martes 30 de junio de 2009

EL MUSEO 2009. SEVILLA



martes 23 de junio de 2009

VICENTE FERRER, COMPASIÓN Y FILANTROPÍA. Tomado del teólogo Juan José Tamayo

La muerte de Vicente Ferrer deja un vacío de solidaridad muy difícil de llenar, pero también un mensaje de filantropía a transmitir a las generaciones futuras, un ejemplo de altruismo a proseguir y una herencia de diálogo intercultural e interreligioso a continuar. Pero también una serie de lecciones a aprender por los ciudadanos y ciudadanas que vivimos cómodamente instalados en las sociedades satisfechas con la conciencia del deber cumplido por el mero hecho de pertenecer a alguna organización benéfica, pero sin cambiar un ápice nuestro estilo de vida.
Tras sufrir la represión franquista a través del internamiento en un campo de concentración después de la guerra civil, Vicente Ferrer fue a la India como misionero jesuita a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, quizás con la oculta intención de convertir al cristianismo a los seguidores del hinduismo. Pero, una vez allí, dirigió su mirada a los condenados de la tierra y dedicó todas sus energías a ayudarles a salir del estado de postración en el que se encontraban, a reencontrarlos con sus raíces culturales como parte fundamental de su identidad y a devolverles la dignidad que durante milenios la religión les había negado.

La primera enseñanza de Vicente Ferrer es que la pobreza constituye el hecho mayor de nuestro tiempo y el principal desafío al que la humanidad debe responder a través de los organismos internacionales, de los gobiernos locales y de actitudes solidarias tanto a nivel personal como grupal. Un hecho causal, y no simplemente casual; estructural, y no meramente coyuntural; consecuencia del egoísmo humano, y no algo querido por Dios, como suelen enseñar las religiones; resultado de la insaciable voracidad del capitalismo, y no un hecho natural. Se trata de un fenómeno de tal magnitud que afecta a dos terceras partes de la humanidad, la mayoría de las cuales vive en el Sur o en el llamado “Tercer Mundo”.

Y eso lo aprendió Vicente Ferrer no sólo ni principalmente a través de los análisis marxistas, sino viviendo en su propia carne la experiencia de marginación de los parias de la tierra en la India. Pero, como persona profundamente religiosa, también leyendo a los profetas de Israel, para quienes conocer a Dios es practicar la justicia, y siguiendo la práctica de Jesús de Nazaret, que asumió la experiencia de la exclusión social, religiosa y política como condición necesaria para defender la dignidad de los sin-dignidad y luchar por la liberación de los pobres con hechos y palabras.

La segunda lección del humanista Ferrer es la práctica de la compasión, que choca con la insensibilidad y la falta de entrañas de misericordia de las sociedades “desarrolladas” hacia el sufrimiento ajeno. Com-pasión que no consiste en sentir lástima o pena de la pobre gente desde fuera de su mundo, sino, atendiendo a su sentido más profundo y radical, en ser sensibles al dolor de las víctimas, en ponerse en el lugar del otro, de los sufrientes de la historia, de los seres humanos y los sectores más vulnerables, y en estar siempre de su lado, asumiendo sus causas como propias, aun a riesgo de exponer la propia vida.

La tercera enseñanza es su compromiso en la lucha contra la pobreza, no por vía benéfico-asistencial o meramente “caritativa”, sino de transformación estructural. Un compromiso no sólo de cabeza sino a través de una praxis auténticamente liberadora que no se queda en la superficie del problema sino que va a las raíces de la injusticia, para que no se reproduzca, ni se perpetúe. En ese compromiso implicó a los sectores populares oprimidos, que dejaron de ser objetos pasivos de caridad para convertirse en actores de su propia liberación, personal y comunitaria, cultural y política, social y económica. Fue precisamente el protagonismo popular el que aseguró el éxito de la mayoría de las iniciativas puestas en marcha por Vicente Ferrer.

No resultó tarea fácil, ciertamente, ya que exigía pasar de una conciencia pasiva e intransitiva a una conciencia crítica. Y eso requería una determinada pedagogía, la de la no-violencia activa. Una pedagogía que, a primera vista, podía parecer lenta e ineficaz, pero que generó una mentalidad revolucionaria en personas ubicadas en el fatalismo histórico, logró movilizar las energías utópicas dormidas de poblaciones enteras y la solidaridad de cientos de miles de colaboradores, y dio excelentes resultados en los terrenos educativo, sanitario, social, cultural y de concientización política.

Su capacidad de generar esa conciencia crítica en la ciudadanía de Anantapur, una de las zonas más depauperadas de la India, le costó la expulsión del país acusado de subvertir las costumbres ancestrales legitimadoras de la discriminación y de la violencia del sistema. Pero la presión popular y el apoyo de los organismos internacionales obligaron a las autoridades a admitirlo de nuevo para continuar su trabajo humanitario. Su testimonio de filantropía es una llamada a salir de la impasibilidad ante el hecho mayor de la pobreza y a asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos del mundo en la lucha por su erradicación.


jueves 18 de junio de 2009

ENSAYO: DE CÓMO UNA EDUCACIÓN TRICEREBRAL PREVIENE LA DERIVA DE UNA SOCIEDAD ENFERMA.



Si bien en mi trabajo como escultor se aúna de forma material y espiritual lo divino y lo humano, aparte del estudio teológico, histórico, artístico y fisiológico que requiere esta disciplina, pocos son los que conocen el enorme interés que siempre he mostrado desde la discreción por comprender la naturaleza humana. Si somos animales sociales, sería poco práctico perder la oportunidad por conocer a los individuos, cómo funcionan, qué problemas obstaculizan su desarrollo, qué remedios hay para mejorar su potencial... Cuando uno se adentra en este conocimiento acerca de nuestra naturaleza y de cómo la ignorancia sobre nosotros mismos es el origen de todos los conflictos, me viene a la cabeza pensar que esta sociedad claramente enferma, está a la deriva precisamente por hallarse en la inopia. ¿Cuál sería entonces el remedio a esa circunstancia? Desde mi humilde opinión y de acuerdo con expertos psiquiatras, fisiólogos, sociólogos, pedagogos…, considero que la clave se halla en una adecuada educación en la virtud, congnitiva y emocional. Si bien sería casi imposible sanar el mundo de un día para otro, sólo una educación íntegral puede cambiar la situación de forma preventiva. No se trata de enseñar, sino de ayudar a aprender, aprender a ser, a percibir, a conocer sus emociones, a tener conciencia de uno mismo, aprender a socializarse. No se puede cambiar el mundo si no es a través del cambio de la conciencia personal.


A diferencia de los métodos impuestos en la actualidad, la teoría y la acción deben ir de la mano. De qué sirve enseñar respeto o fraternidad durante tres horas lectivas, si ésta no se promueve día a día. Ahora bien, si ya los jóvenes llegan dañados emocionalmente a la escuela por las circunstancias de su entorno ¿puede alguien dañado enseñar a otro en la misma circunstancia? Evidentemente no y un ejemplo muy claro lo encontramos en Lucas 6, 39-42: “¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo?” Desde luego con el ritmo de vida y el contexto tan crudo que se vive en la enseñanza, antes de nada sería primordial curar a los propios educadores, para que contacten con su bienestar y de esa forma consigan ser menos presos de su ego y más libres permitiendo que fluya su yo esencial y auténtico.


Muchos estudiantes presentan una gran resistencia a aprender, pero porque no soportan que se les enseñe de forma forzada algo que no proviene de su interés o desde la iniciativa propia. Habría que poner el acento en el aprendizaje natural desde jóvenes, aprovechar su curiosidad, en vez de inbecilizarles tal y como se hace actualmente en muchos casos. Hoy en día a los jóvenes se les induce a pasar exámenes, movidos por el sentimiento de pena o frustración que supondría que de no ser así, no tendrán trabajo o no serán aceptados. Lo que se "aprende" a presión pronto se olvida y de esta forma, a mi entender no se enseña ni a vivir ni a tener un desempeño de mayor eficiencia. No existe una clara correlación entre notas escolares y rendimiento en la vida. La educación hoy en día es un desperdicio y un fraude. Una mera transmisión en muchos casos de información de dudosa utilidad.


Es necesario que se enseñe a ver y se inculque la idea de que para que alguien esté sano y viva en libertad de forma productiva y socialmente útil, es primordial que el individuo deje de estar agobiado y dominado por los lastres de la rabia, la vanidad, la pereza, la envidia, el orgullo, el miedo, la obsesión con ser reconocido… Ello va acoplado a sentirse más libre, para aprender a conocer sus deseos y respetarlos, dándose cuenta de que no necesita un policía interior tan severo como la vida colectiva.


Cuando se dice que tienes que ser así, el contenido está dominado por el espíritu de la normatividad, lo cual le hace al individuo sentir que se trata de un decreto policial en lugar de algo por su bien. Las personas han desarrollado anticuerpos contra un trato autoritario y por eso está tan denostada la virtud. Hoy en día no tiene el prestigio de antes porque es la meta de un proceso tiránico y mal encauzado. Si el origen de toda acción pasa por la motivación y esta a su vez parte del deseo o amor, no titubearía en afirmar que para alcanzar la virtud sin moralismos es necesario el amor, pues la raíz principal de ésta, es sin duda la salud amorosa. El buen o sano amor sería por tanto la integración de los tres amores o aspectos del Amor.


1º El Amor al prójimo, el amor maternal, afectivo, el que le da al otro la cualidad del yo. Se trata de un amor mamífero propio de nuestro cerebro medio o emocional.
2º El Eros o amor pagano, freudiano, el amor a la naturaleza, el amor de los enamorados. Nuestra sabiduría organísmica que permite fluir con la naturaleza y que en muchas personas está perturbada porque desconocen o dan poca importancia a lo que quieren o necesitan. Es el propio del cerebro reptiliano, el más antiguo los tres.
3º El amor a lo divino, a los valores, a la justicia, a la vida, a la belleza, al bien. Propio del cerebro más humano o moderno.


En la mayoría de las personas, estos aspectos están desequilibrados de acuerdo con su tipo psicológico. Unos aman más de forma erótica, otros son golosos, otros lujuriosos… otros están más volcados al amor del prójimo, otros tienden a un amor más admirativo…
Si cualquiera de los tres falta, se reduce considerablemente la plenitud de la persona y se origina una insatisfacción o infelicidad.


Como ejemplos, podemos ver que el narcisista no se inclinará para respetar los valores de otros, ni le abrirá paso suficiente a la belleza del mundo, el cual sólo se hace grande cuando tenemos esta capacidad de respeto o admiración. Por otro lado, el apático o indolente, preso de su pereza y falta de motivación, sumado al olvido u omisión de sus propias necesidades, puede tomar actitudes esquivas ante las necesidades ajenas, disociándose de sus seres queridos en momentos duros, de forma irresponsable y autodestructiva, buscando una dudosa "paz interior". Con esta actitud, no hace otra cosa que aumentar su colapso emocional y sentimiento de inutilidad, que minimiza narcotizando su mente con pensamientos disuasorios a la par que triviales o poco constructivos para sí mismo.


La educación por tanto debería ser tricerebral para ayudar a poseer estos tres amores que configuran la virtud. La persona será virtuosa cuando tiene estos tres aspectos esenciales del ser humano; La capacidad orgánica del placer, el principio solidario y empático contrario al egoísmo propio de la neurosis, y la capacidad de respetar. Fijémonos y aprendamos de los grandes, porque a modo de mandato biológico, desde la cuna nos formamos por imitación incorporando todo aquello que se nos hace admirable.


Rafael Hernández







En la imagen: Escultura de la Caridad Cristiana lanzando sus flechas de bondad, del monumento al filántropo séptimo conde de Shaftesbury. Realizado en Aluminio por el escultor Alfred Gilbert. Piccadilly Circus, Londres.

VIRGEN DE LA ESTRELLA. SEVILLA 2009

lunes 15 de junio de 2009

GIOTTO







domingo 14 de junio de 2009

CÁRITAS

Bajo el lema “Si no quieres formar parte de una sociedad limitada, facilita la participación de todos”, Cáritas pone en marcha su campaña Caridad 2009. En este segundo momento de la campaña institucional, Cáritas quiere potenciar el espíritu de participación, construyendo vínculos entre las personas que nos permitan crear un mundo mejor para todos.

Participar es un valor constructivo que implica corresponsabilidad, además de una acción decisiva para la consecución explicita y real del derecho de disfrute universal de los bienes, que, al no estar repartidos de una manera justa y equitativa, generan bolsas de pobreza y exclusión en la sociedad. Tan importante para la persona es cubrir sus necesidades como que se cuente con sus propuestas y decisiones. Participar es involucrarse personal y comunitariamente. Es incluir a los excluidos en un espacio donde dignificarse. Es vivir despierto y hacer camino con los otros.

sábado 13 de junio de 2009

ARCHICOFRADÍA DEL VALLE. SEVILLA 2009





domingo 7 de junio de 2009

EMOTIVA Y MULTITUDINARIA PROCESIÓN DE REGRESO DE LA ESPERANZA DE TRIANA, TRAS CELEBRAR EL 25 ANIVERSARIO DE SU CORONACIÓN CANÓNICA EN LA CATEDRAL








viernes 5 de junio de 2009

EL POBRECILLO QUE ENDEREZÓ LA IGLESIA


Ciertamente, no era un hombre guapo, con aquellas orejas salidas; tampoco su cuerpo delgado y pequeño y su modesta educación causaban una gran sensación; por lo menos, eso es lo que decían de él sus contemporáneos. Sin embargo, ningún otro hombre del siglo XIII es tan conocido y amado. En enero de 12o6, Francisco oyó una voz misteriosa que le ordenaba: «Ve y repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas». Obedeció y no solo reparó la estructura física de la iglesia, sino que, además, se encontró encabezando un poderoso movimiento de renovación religiosa en la Iglesia. En unos tiempos en que el ansia de dinero y poder había corrompido la vida, tanto temporal como religiosa, fue un ejemplo evangélico de alguien a quien no le importaban las posesiones.

Nacido en una familia rica, Francisco creció buscando placeres y disfrutó rodeándose de lujos. Pero lo abandonó todo tan de repente y con tanta alegría que arrastró a miles con él, entre ellos incluso algunos de los eruditos más distinguidos.

El «pobrecillo» que experimentó la Impresión de los Estigmas, las heridas de Cristo, el 14 de septiembre de 1224, en el monte Le Vema, vivió solo cuarenta y cuatro años. Sin embargo, después de su muerte, veinte mil hombres, así como miles de mujeres, de toda Europa trataron de emular su vida.

Preocupada por los desposeídos, su orden mendicante, los franciscanos, creció a pasos agigantados. Abogado de los pobres, san Francisco de Asís fue el primero en afirmar públicamente que el trabajo dignifica al hombre, que su valor es intrínseco y no se puede medir por el dinero que se gana con él. También amaba a los animales, viéndolos como amigos del hombre y su bello Cántico del Hermano Sol fue el primer gran poema en lengua italiana. Dante lo recordó con una referencia a Asís, en el Canto XI (II Paradiso), de La Divina Comedia: «Allí al borde de un acantilado, un Sol nació al mundo».

Otro monumento a san Francisco es el fresco adjunto: El sueño del papa Inocencio III, del ciclo que representa la vida de san Francisco en la Basílica Superior de Asís, atribuído a Giotto. Según la tradición, el papa Inocencio III tenía reservas sobre Francisco y sus seguidores, por lo cual no había dado su aprobación a la Regula Prima, escrita por éste. Aunque las dudas del Papa se desvanecieron cuando tuvo un sueño en el que Francisco de Asís se le apareció como un pilar de la Iglesia a modo de cariátide soportando la basílica de San Juan de Letrán.

miércoles 27 de mayo de 2009

CONSTATACIÓN DE QUE LO RESTOS DE SALZILLO ERAN CUSTODIADOS POR LAS CAPUCHINAS DE MURCIA DESDE 1783


Científicos de la Universidad Complutense de Madrid han constatado, mediante pruebas de ADN, que pertenecen a Francisco Salzillo los restos que se custodiaban en el convento de las Madres Capuchinas de Murcia desde la muerte del escultor, en 1783.
El alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, que presentó hoy los restos y el resultado del trabajo realizado por nueve científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, dijo que "se trata de un hecho histórico y muy importante para la ciudad por lo que Salzillo representa". Los trabajos se iniciaron en la Escuela de Medicina Legal de la UCM, bajo la dirección del profesor José Antonio Sánchez en octubre de 2007, y con la colaboración del Laboratorio de Antropología Forense y del Laboratorio de Genética Forense y Genética de Poblaciones de la misma facultad. Durante la primera fase se exhumaron todos los restos del osario existente en el Convento de las Madres Capuchinas de Murcia, se procedió a su identificación de forma preliminar y se estableció que había huesos de unas treinta personas, entre ellas ocho varones.
Los científicos realizaron también un riguroso estudio sobre el periplo que los restos del escultor murciano habían sufrido en los últimos doscientos años, desde su enterramiento en el convento de las Capuchinas hasta su nuevo traslado. Así se comprobó que, durante el expolio que sufrió el inmueble en la Guerra Civil, los huesos de la cripta del monasterio fueron preservados y escondidos en el cementerio de Jesús de Murcia, en el panteón de la familia Hilla Tuero, durante cuatro décadas.
La siguiente fase de la investigación consistió en el envío de 25 muestras de los ocho individuos al Laboratorio de Genética de Poblaciones del Departamento de Toxicología y Legislación Sanitaria para estudiar el ADN y establecer el grado de parentesco. Posteriormente, se determinó que tres de los ocho individuos tenían en el momento de su muerte entre 30 y 40 años, y que entre ellos, según los científicos, podría encontrarse José Salzillo, hermano del escultor que murió a los 34 años y que también fue enterrado en el Convento de las Capuchinas.
Los investigadores centraron sus estudios sobre aquellos restos que correspondían a varones fallecidos aproximadamente a los 75 años, edad a la que murió el escultor. En este grupo se encontraba también su hermano Patricio Salzillo (1722-1800), que fue capellán del convento y cuando murió recibió sepultura allí, según consta en su partida de defunción. Asimismo, el estudio señala que "resultó materialmente imposible poder separar los restos de Francisco Salzillo de los de su hermano, aunque sí se puede establecer por características antropométricas que se corresponden a dos individuos diferentes".
El alcalde resaltó, entre otras pruebas, que una de las más decisivas para clarificar si podía tratarse de Salzillo y de su hermano fue establecer la data de la muerte de ambos, y los resultados confirmaron que ambos restos tienen una antigüedad aproximada de 200 años, lo que coincide con la fecha en la que fallecieron los hermanos. De esta forma, excluyendo los restos de personas de menor edad, utilizando las pruebas de ADN para determinar la línea materna y teniendo en cuenta la edad de la muerte, ha sido posible identificar los restos de Salzillo, que a partir de ahora seguirán depositados junto a los de su hermano en el Convento de la Capuchinas de Murcia.
Laverdad.es



CRUCIFIXIÓN DE MATHIS NEITHARDT GRÜNEWALD (1480-1529)

El monasterio de San Antonio de Isenheim, dedicado a cuidar enfermos y cuyo nombre deriva del santo patrón de los leprosos, tenía un hospicio. En la Edad Media, se decía que los leprosos estaban marcados por el «fuego del infierno» o también por la «enfermedad abrasadora». Lo único que podían hacer era esperar la muerte, que gradual pero inevitablemente los devoraba. El miedo al contagio los marginaba de la sociedad. También se les consideraba pecadores que estaban siendo castigados con la lepra por sus pecados mortales. Solo el devoto cuidado de unos monjes y monjas entregados aliviaba su sufrimiento.
Estos religiosos se ocupaban más aún de las almas que había en aquellos cuerpos que se desintegraban. La oración comunal era el momento culminante de los días de entre semana en el hospicio. En el de Isenheim, los monjes, las monjas y sus pacientes rezaban juntos ante la Crucifixión pintada por Mathis Neithardt Grünewald, nacido en Würzburg. El abad, Cuido Guersi, había encargado aquella obra para adornar la tabla central de un retablo articulado, expuesto durante la semana en la iglesia del hospicio. El expresivo poder visionario de la sublime Crucifixión de Grünewald, su obra maestra, revela al pintor como uno de los más grandes de cualquier época. El emperador Rodolfo II quería adquirirla a toda costa para su colección. Los príncipes de Brandenburgo y Baviera también hicieron atractivas ofertas para lograr que diera realce a sus colecciones. Sin embargo, por el momento, la Crucifixión de Grünewald permaneció en el lugar para el que había sido creada, la iglesia del hospicio de leprosos de Isenheim. Allí consolaba a los que se identificaban con lo que representaba. En el cuerpo martirizado de Cristo, tal y como Grünewald lo pintó, los leprosos podían encontrar una relación personal con el Señor. No fue hasta que el monasterio de Isenheim fue disuelto durante la secularización que siguió a la Revolución Francesa, cuando la Crucifixión fue, finalmente, trasladada a un museo.
En la actualidad se exibe en el Museo Unterlinden de Colmar, Alsacia.