miércoles 30 de junio de 2010

BREVE SÍNTESIS DE LA EVOLUCIÓN DE LA ICONOGRAFÍA DE JESÚS CON LA CRUZ AL HOMBRO. Publicado para la revista Carrera Oficial nº 4 año 2007 (Reposición)


Después del Crucificado, la representación de Jesús con la Cruz al hombro o Nazareno ha sido muy interpretada por el arte cristiano y ha calado profundamente como una de los misterios de mayor devoción. Su composición de marcha hacia delante la ha hecho muy apropiada para ser concebida como imagen procesional además de ser capaz de suscitar un gran fervor piadoso. Si bien la evolución de esta representación no ha sido tan estudiada como el del Cristo Crucificado, intentaremos hacer una síntesis de los momentos históricos más trascendentales y cómo su iconografía ha sido reinterpretada en contadas ocasiones.

PALEOCRISTIANO

Las representaciones artísticas de Jesús llevando la cruz no aparecieron en los primeros años del Cristianismo. Es un hecho que la representación de la cruz no se empleó hasta su hallazgo atribuido a Santa Elena en el año 335. La primera representación de Jesús con la cruz al hombro data del año 350. Se trata del sarcófago 171 del Museo Pio Cristiano del Vaticano. En él se representa al Cirineo cargando la cruz con el patibulum hacia arriba en la primera de las cinco escenas. En la segunda figura la coronación de espinas y en la tercera aparece la cruz victoriosa techada por el crismón y flanqueada en el crucero por las aves de la resurrección. Bajo ésta aparecen dos soldados romanos dormidos guardando el sepulcro.

Un segundo ejemplo se conserva en el Museo Británico, y corresponde con una píxide o caja en la que se representa a Jesús tomando la cruz en el Pretorio. Del siglo IX se conoce una representación de Jesús con la cruz en el “Codex Aureus” del Escorial. En éste aparece barbado, con el cabello oscuro y con la cruz también invertida. Durante el Románico hay un gran vacío en la representación del Nazareno, pues en este periodo no se deseaba plasmar tanto los dolores humanos de Cristo, como su carácter celestial y todopoderoso.

GÓTICO

La verdadera contemplación del Jesucristo hombre arrancó en el Gótico allá por el siglo XIII con San Francisco de Asís. Junto a esto surgió la devoción a la Cruz y a la sangre de Cristo. La primera de las congregaciones destinadas al culto de la Vera-Cruz fue la de Santo Toribio de Liébana en 1181. Una de las primeras representaciones de Jesús Nazareno del gótico se puede contemplar en la vidriera de la Redención de la Catedral de Chartres. En una de las escenas de la parte superior aparece Jesús llevando la cruz por primera vez por el patibulum. Ello responde a la nueva necesidad de transmitir una visión piadosa más que simbólica de la aceptación del martirio.


La mayoría de las obras que reproducen este tema en estos siglos son de origen flamenco y de carácter retablístico como el retablo de la Santa Cruz de la Iglesia de San Lesmes de Burgos, donde se refleja más el carácter humano y dramático de la escena.


RENACIMIENTO Y MANIERISMO

A principios del siglo XVI aún con un poso goticista encontramos importantes ejemplos como los relieves que Damián Forment esculpió en varios de sus retablos para la corona de Aragón. Uno de los más bellos es el retablo mayor de la catedral de Huesca. En la calle izquierda se trata este tema con gran belleza y serenidad, preconizando los impresionantes nazarenos del Barroco.



En el retablo mayor de la Catedral de Sevilla se puede contemplar también una escena de Jesús con la cruz al hombro obra de Jorge Fernández Alemán hacia 1518-1526. Se trata de la más antigua de la ciudad y plantea la escena con cierto carácter simbólico, con la imagen de Cristo abrazado a la cruz invertida y con gran serenidad en la expresión.



Aunque arrancara en el Gótico, encontramos en el segundo cuarto del siglo XVI ejemplos de una nueva representación de Jesús como fuente de vida abrazado a la Cruz y exprimiendo la llaga de su costado como el del retablo de San Pedro de la catedral del Burgo de Osma (Soria).



Para encontrar una escena de gran formato habría que esperar a 1587 cuando Juan de Oviedo esculpió el relieve para el Convento de Santa María de Jesús, repitiendo la fórmula del nazareno abrazando la Cruz por el stipes.


No será hasta mediados del siglo XVI cuando aparecerá la imagen de Nazareno de bulto redondo y con marcado carácter devocional. Muchas de estas imágenes se realizaban íntegras, ahuecándose en los casos en que estaban destinadas a procesionar. Es entones cuando destacó la figura de Pablo de Rojas, como el creador del Nazareno procesional andaluz. Pablo de Rojas se convirtió en el eslabón que enlazó el romanismo manierista con el naturalismo barroco. Él revitalizó la imagen procesional, tradicionalmente asignada a escultores menores. Uno de sus mejores nazarenos es el de Priego de Córdoba, aunque nos ha llegado a nuestros días mutilado para ser vestido y con pelo natural.


No es hasta el último cuarto del Quinientos cuando están documentados los primeros concebidos para ser vestidos. Estos solían tener el cuerpo realizado en pino, desbastado o anatomizado de forma muy somera. Estaban también provistos de articulaciones en codos y hombros para permitir asirse al madero. Uno de esos cristos es el Nazareno de Utrera de Marcos Cabrera, fechado en 1597. Otro ejemplo es el Nazareno de las Tres caídas de Triana, de autor anónimo pero atribuido a Juan Bautista Vázquez el Viejo. Representa la iconología apócrifa de las tres caídas, tema de marcado carácter piadoso de origen en el Gótico. Dos nazarenos de marcados rasgos manieristas son el Nazareno de la Corona y el del Silencio. El primero, propiedad de la Iglesia del Sagrario de Sevilla posee una postura forzada para ser contemplado desde un único punto de vista lateral. Plantea al Nazareno abrazado al stipes soportando el peso sin aparente esfuerzo físico, como si alzara un estandarte que pregonara su victoria sobre el pecado y la muerte.

El segundo Nazareno, obra de Francisco de Ocampo hacia 1609-1611 a diferencia del anterior está concebido como imagen procesional y posee un marcado contraposto muy elegante y contenido, pues es una síntesis entre las fórmulas manieristas y realistas influenciadas por Montañés.


PROTO-BARROCO Y BARROCO NATURALISTA

Debe situarse al Nazareno de Pasión de Martínez Montañés fechado hacia 1610-1615 como pieza clave para entender la iconografía del Nazareno desde entonces hasta nuestros días. La magistral imagen, anatomizada íntegramente está marcada por un claro clasicismo. Su paso firme y equilibrado transmite una visión idealizada de Cristo carente de patetismo, que invita más a la reflexión e introspección que a la compasión.

El salto hacia el dramatismo barroco lo dará Juan de Mesa y Velasco, quien en 1620 esculpió la reconocida imagen de Jesús del Gran Poder. El lenguaje artístico ha cambiado diametralmente con esta imagen rompiendo con el clasicismo para presentar una impresionante y dramática imagen que potentemente adelanta el cuerpo con una marcada zancada. Unido a la dinámica composición del cuerpo se plantea la cabeza con gran dramatismo expresivo, gracias a los potentes claroscuros que dibuja la gruesa corona de espinas y la movida cabellera. Mesa sabiamente equilibró el dramatismo de la efigie planteando el rostro y manos con gran serenidad de claro origen montañesino.

Si bien en Castilla Gregorio Fernández no labró ninguna imagen del nazareno pues allí se preferían temas pasionistas con mayores recursos patéticos, se procesiona en Valladolid uno de talla completa atribuido por José Martín González a Juan Antonio de la Peña hacia 1675. Pudiera ser considerada ésta una hipotética imagen inspirada en otra realizada por Gregorio Fernández. Se trata de un Nazareno plásticamente un tanto duro de clara inspiración flamenca, pero conjugada sutilmente con una indudable serenidad y armonía italiana tanto en la composición como en su bello rostro.


REALISMO BARROCO Y ROCOCÓ

Con la llegada de José de Arce a Sevilla en 1636 se introdujeron las nuevas fórmulas europeas de formas ampulosas y dinámicas. Atribuido a este escultor flamenco es el impresionante Nazareno de Santiponce (Sevilla). Con un gesto crispado y dramático, su autor planteó las carnes y la cabellera a base de grandes planos compactos de carácter pictórico.


En esta obra el detalle naturalista de primeros de siglo XVII se ha perdido para potenciar el realismo expresivo. Andrés Cansino, discípulo de Arce recreó en su Nazareno del Viso del Alcor (Sevilla) los mismos signos que el anterior pero con mayor serenidad. De esta fusión entre el naturalismo sevillano y las formas europeos surgió también la arrolladora personalidad de Pedro Roldán, cuya principal aportación a la iconografía del Nazareno es el realizado para la O de Triana. Esta imagen, de compactos cabellos y serena expresión propone a Cristo encorvado por el peso del madero, pero con el rostro resignado y un marcado carácter devocional.



Otro impresionante Nazareno es el labrado por Luisa Roldán custodiado en Sisante (Cuenca). Fue esculpido hacia 1695, siendo encargado por Carlos II para ser regalado al papa Inocencio XI. Debido a la muerte del monarca, quedó el encargo truncado y la imagen quedó en propiedad de su autora. La imagen es un claro anticipo de las fórmulas del Rococó, debido a la blandura de su modelado y ejecución a base de amplios volúmenes.


Ya en pleno siglo XIII, debemos destacar el impresionante Nazareno de la Caída de Francisco Salzillo de Murcia. Esta imagen, parte de un impresionante grupo escultórico, busca potenciar el realismo a través de un certero modelado de las carnes y haciendo uso de cabello y pestañas postizas. La blanquecina policromía resalta los valores escultóricos y potencia el carácter pictórico de la imagen.

Otra interesante obra es el Nazareno de Estepa atribuido al escultor castellano Luis Salvador Carmona, el cual posee un marcado refinamiento dieciochesco de esmerada técnica y grisácea policromía.


SIGLOS XIX, XX y XXI

El siglo XIX no fue muy fecundo para la representación del Nazareno, y hasta llegar al XXI en su mayoría principalmente las creaciones cristíferas están basadas en los prototipos del Gran Poder y Pasión, desarrollando un nuevo periodo conocido como Neobarroco. La gran ruptura la realizó Mariano Benlliure, el cual educado en el clasicismo y el realismo, fundió ambas tendencias en un estilo poco evolutivo, pero muy efectista, con cierta influencia de la plástica modernista. Entre sus mejores creaciones cristíferas habría que destacar el Nazareno del Paso de Málaga. Con esta versión nos presenta una imagen de Cristo de gran realismo y fiel a la hora de recrear los rasgos propios de los nativos de Judea.


En Zamora procesiona otro Nazareno de Benlliure ejecutado en 1931. Se trata de una imagen más abocetada que detallística que se distancia de los prototipos barrocos, adhiriéndose a unas nuevas formas de inspiración rodiniana de gran robustez y energía, tendiéndose más a la idealización que a la narración evangélica.



Prácticamente hasta nuestros días la imagen del Nazareno ha sido una revisión de los patrones de la escuela sevillana a excepción de dos nazarenos más eclépticos de gran interés. En primer lugar el de la Pasión de Málaga, obra de Luis Ortega Bru, inspirado en el Ecce-homo de Diego de Siloé de la Catedral de Burgos, conjuga elementos castellanos con sevillanos, como su potente zancada inspirada en el Gran Poder.


En segundo lugar el que en 2004, en pleno siglo XXI talló Juan Manuel Miñarro para el Cerro del Águila (Sevilla). Este Cristo unifica la estética castellana principalmente personalizada en Gregorio Fernández con la potencia y monumentalidad de la imaginería sevillana. Además, el dramatismo del bello rostro refleja las investigaciones sobre la Sábana Santa realizadas por su autor. A su vez es muy novedosa la nueva fórmula de cargar la cruz sobre el hombro derecho, ciñéndose al patibulum de sección plana de una forma muy original y realista.

Rafael Martín Hernández

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La imagen titular de la Cofradía del Nazareno de Cuéllar (Segovia), es una talla de principios del siglo XVII, que porta la cruz en el honbro derecho, como se puede comprobar en el blog:www.nazarenocuellar.blogspot.com

Anónimo dijo...

Los últimos estudios indican que Ntro Padre Jesús Nazareno, de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno (León), que la autoría sería de Gregorio Fernández en 1611. Por lo que Gregorio Fernández si habría labrado imágenes del nazareno, no en Castillapero sí en León.
Un saludo.